¿Cómo será la medicina en el futuro? Es un hecho público y notorio que el ámbito de los wearables se ha hecho sentir de manera significativa en los últimos tiempos; y es que su evolución no solo se ha puesto de manifiesto a través de la estética de dispositivos o las opciones de personalización, sino en el abanico de funcionalidades que ofrece cada uno de ellos, lo cual ha dilatado su espacio en diversos segmentos del mercado.

Lo anterior, ilustrando aquellos gadget “tradicionales” (pulseras fitness y smartwatches, entre otros accesorios) que se han hecho con cantidad de seguidores; sin embargo, es imposible dejar por fuera otros terminales dotados con tecnología llevable y presentaciones un tanto excéntricas como salidas de pelis futuristas –como los biowearables, por ejemplo- pero que igualmente cumplen con uno de sus principales cometidos: mantener informado al usuario acerca de diversos aspectos relacionados con su salud, es decir que serán aliados de la medicina del futuro.

Dicha cualidad, es precisamente la que ha hecho de los wearables una valiosa herramienta para deportistas y personas interesadas en su bienestar; y no es para menos: desde ritmo cardíaco, pasando por calidad de sueño, niveles de glucosa en la sangre, actividad sexual y actitud frente al medio ambiente, entre otros aspectos, son capaces de monitorear estos innovadores dispositivos tecnológicos al servicio de la salud.

Ahora bien, esta notable evolución ha provocado incluso que los wearables se hayan convertido en foco de atención de expertos y aliados de la medicina como solución para mejorar la atención sanitaria frente a las “enfermedades vinculadas al estilo de vida”.

Esto último, revelado por im Médico Hospitalario, haciendo alusión a un estudio realizado por “Centre Forum”, en el que se expone que en las próximas décadas, en Europa, los cambios en el perfil demográfico van a plantear retos estructurales, sociales y económicos a medida que continúe la actual explosión demográfica, lo que provocará que la población aumente de los 501 millones a los 525 millones en 2035.

“El aumento de población viene acompañado de un rápido envejecimiento de la misma, ya que la esperanza de vida sigue aumentando. Está previsto que los octogenarios representen el 12% de la población europea en 2060, frente al 4% actual. En otras palabras, habrá dos personas en edad de trabajar por cada persona mayor de 65 años, mientras que actualmente la relación es de cuatro por cada uno”, reseña la publicación, en la que seguidamente se deja ver que la tendencia se agrava aún más porque la mayoría de adultos se sentirá aquejada de, al menos, una enfermedad crónica, muchas de las cuales reciben el nombre de “enfermedades vinculadas al estilo de vida”, aquellas asociadas a las actividades cotidianas y la alimentación.

Las enfermedades crónicas, como la obesidad, la diabetes y otros problemas cardiovasculares, suelen desarrollarse como resultado de la inactividad y conducen a estilos de vida sedentarios y menos saludables. Lo que todo esto significa es que, como región, nos enfrentamos a una creciente tendencia que afectará, de manera inevitable y grave, a nuestros sistemas de atención sanitaria y a nuestra economía.

Futuro de la medicina

Frente a todo este escenario, el reporte destaca –entre otras cosas- quién, y cómo, atenderá a la población mayor y que vive más y a qué precio. A no ser que se encuentren nuevas soluciones para hacer frente a estos retos, los crecientes costes de la atención sanitaria “podrían provocar la quiebra de todo un país”.

En esa línea, la gente de im Médico Hospitalario deja a la luz que según la Comisión Europea, mientras que esas enfermedades crónicas del estilo de vida se sitúan entre los problemas sanitarios más costosos, tanto para las personas como para las empresas, también son las que presentan mayores posibilidades de curación.

“Básicamente, las enfermedades del estilo de vida pueden controlarse, tratarse y evitarse introduciendo cambios sostenibles y saludables en el estilo de vida. Los pacientes pueden, y deberían, encargarse de su cuidado siempre que reciban la información, las pautas y los recursos adecuados para controlar su salud”, reseña el trabajo, y es ahí donde llegan al plató las musas de esta entrega: los wearables.

Las tecnologías llevables (o wearable) de última generación fomentarán un estilo de vida más saludable tanto a jóvenes como a ancianos, al permitir hacer un seguimiento de su actividad, frecuencia cardiaca, calidad del sueño, calorías quemadas e incluso ver cómo su estado de ánimo afecta a su frecuencia cardiaca, lo cual debería permitir a las personas que mejorasen sus decisiones sobre sus actividades cotidianas, acarreando una reducción de su vulnerabilidad a enfermedades relacionadas con el estilo de vida y un alivio de la presión que se ejerce sobre los sistemas nacionales de atención sanitaria.

Los dispositivos wearable también responden a las necesidades de los pacientes de obtener más información sobre sus niveles de actividad y bienestar general. Esto incluye a la población de mayor edad, que ahora son más expertos en tecnología y están más ávidos de información que nunca. Además, los dispositivos llevables multifuncionales están diseñados para permitir la facilidad de uso y portabilidad.

Lo anterior, no debe ser percibido como un vaticinio o afín, ya que toda esta exposición se ha basado en datos que avalan el apreciable rol de los wearables en el campo de la salud pública; como por ejemplo, en un reciente estudio, 300 responsables de la toma de decisiones de TI en el Reino Unido y Estados Unidos recibieron dispositivos con tecnología llevable para utilizarlos durante un período de prueba de un mes. Los resultados revelaron un incremento de hasta un 8,5% en la productividad y un nivel de satisfacción laboral hasta un 3,5% superior en los empleados que utilizaron estos dispositivos wearable.

En Japón, las empresas han estado usando dispositivos de seguimiento biométrico de Epson para ayudar a los empleados a controlar y mejorar su salud. Puede emplearse la última generación de estos productos para ayudar a poner freno a la obesidad al ofrecer a las personas una manera sencilla de realizar un seguimiento y controlar su actividad, el consumo de calorías y los patrones de sueño.

Y finalmente, Transparency Market Research revela que en 2012 el segmento de la medicina y la atención sanitaria ya representaba en torno a un 35% del mercado general de tecnología llevable mundial, seguido de cerca por el del fitness y el bienestar. Entre los productos clave en estos segmentos se incluyen los sensores del sueño, los pulsioxímetros y los dispositivos de control de la glucosa, la electrocardiografía (ECG, por sus siglas en inglés), la presión sanguínea y el fitness.

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