Y pensar que todo comenzó –principalmente- por el envío /recepción de correos electrónicos y en las salas de chats, pero lo cierto es que la evolución de Internet -en lo que respecta al campo de la interacción- ha ido a pasos tan vertiginosos que el usuario, en su afán por no quedarse atrás y mantenerse en la vanguardia, muchas veces no se percata del cómo su actividad virtual influye ineludiblemente en su vida ‘de carne y huesos’ –para bien o para mal, claro, como todo-

Ejemplo clarísimo de lo anterior es el auge –en modo extremo- de las redes sociales.
Sin duda, son ‘espacios’ perfectos para el reencuentro, la ampliación de círculos de amigos y colegas, encontrar empleos, impulsar marcas, servicios y productos, inclusive, para adelantársele a Cupido y dar con esa persona capaz de moveros mariposas en el estómago. Sin embargo, no todo es color de rosa; y ya sea por uso desmedido y carente de prudencia, todo ese escenario 2.0 pudiera convertirse en un apocalíptico calvario.

No es extraño que os hayáis topado alguna vez con bellas historias de madres que encontraron a sus hijos -luego de varios años- gracias a Facebook; o también con aquella muy famosa y curiosa nota de dos hombres que sin tener nexo alguno parecían gemelos.

Lo anterior, sólo por mencionar un par de casos increíbles e inofensivos como sacados de pelis con finales felices; pero así como esos, también se ha suscitado un sinfín de sucesos que pondrían a temblar hasta al más fornido. Algunos ejemplos, acoso sexual, orquestación de secuestros y estafas, usurpación de identidades, hurto de datos personales y extorción para recuperarlos.

Y es que como se ha apuntado al inicio de esta entrega, muchos usuarios llegan a activarse tan excesivamente en las redes sociales que no se percatan de la cantidad de contras a los que quedan expuestos, incluso, dentro de ese mismo mundo virtual.

Cogiendo lo final del párrafo previo a éste, vale traer a la mesa otro punto interesante: el término “bullying”, aplicado a la violencia ejecutada por chavales a sus compañeros en el cole; sin embargo, este flagelo no se ha quedado en el “face to face” con contacto físico, sino que ha mutado a versión bullying 2.0 –también llamado ciberbullying- O sea, una tortura –ahora psicológica- que hasta adultos han puesto en marcha entre ellos.

¡No quedéis enredados!

Según estudios realizados por organizaciones especializadas, en España yace más de un 80% de usuarios de Internet que usa redes sociales, entre ellas, Facebook, YouTube, Twitter, LinkedIn, Tuenti, Badoo, Instagram, Tumblr, Pinterest, Flickr, Foursquare y Google+. Cada una de esas plataformas, con el guión dispuesto para la publicación de textos hasta material multimedia.

Pese a que la mayoría de esos sitios permite optar por la manera en la que se compartirá la información –pública, privada o segmentada- varias personas hacen caso omiso a ese ‘beneficio’ y se aventuran –hasta en tiempo real- a exponer todo a la vista de todos. Aquí, hace acto de presencia el “warning” –con sonido y lucecitas parpadeantes-

“Estoy flipando. Aquí, esperando las llaves de mi coche nuevo”
“Miradme, ya tengo tarjeta de crédito sin límite”
“Con esta pasta me hago la noche. ¿Quién se apunta?”
“Mañana a Dubay. Lástima que la casa no puede ir y se queda sola. El perro dormirá con los vecinos”

¿Con cuántos posts de este estilo os habéis topado en algún momento? Y más grave aún, con el respectivo ‘selfie’ y apuntando el lugar exacto desde donde se lanzó la publicación. En vocabulario 2.0, acertadamente sería un #EpicFail; una terrible imprudencia que podría poner en riesgo hasta la propia vida.

¡Oh, podría ser demasiado tarde! 

Otro detallito –entre miles- del que os debéis cuidar en las redes sociales, es que si en algún momento te arrepientes de lo que has publicado, fácilmente lo puedes suprimir del sitio; sin embargo, queda la duda de que si alguien se os adelantó y guardó; o peor, aquello quedó en algún registro virtual y sigue con vida en línea.

Estáis avisados. Al momento de pasar a la vida 2.0, recordad que todo lo que hagáis allí es la sombra que os acompaña fuera de ella.

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