Llega a las pantallas la última obra de Luc Besson, protagonizada por Scarlett Johansson, una historia de ciencia ficción y superhéroes (sin capa ni traje de colores): Lucy es una joven corriente que se ve obligada a hacer de mula llevando en el interior de su estómago una nueva droga experimental. Cuando esta droga se mezcla con su sange, Lucy adquirirá habilidades extraordinarias al ser capaz de utilizar más del 10% del cerebro.

Un director interesante (aunque lleva tiempo sin darnos nada realmente bueno), una actriz de moda (que ha adoptado el mismo papel para todas las películas) y una premisa interesante… ¿qué ocurriría si fuéramos capaces de utilizar el 100% de nuestro cerebro? Como dice el profesor Norma (Morgan Freeman) “no tengo ni idea”.

Y eso es lo que ha debido pensar el director al llegar al final de su película: no tiene ni idea de cómo terminarla. Si el viaje cinematográfico es a ratos interesante, resultando una ingeniosa mezcla de géneros (acción, suspense, superhéroes), el resultado final es claramente decepcionante.

Una lástima que Besson haya vuelto a quedarse sin gas a media película, mostrándonos destellos de algo que podía haber sido una película interesante, y que se queda en un videojuego simplón en el que sobran las escenas intercaladas aclaratorias (e innecesarias), y las explicaciones pseudo-científicas.

Lucy habrá conseguido llegar al 100%, pero Besson no.

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