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Hoy día ya no se habla de cólera, tuberculosis, fiebre amarilla o malaria, bueno -a excepción de algunos países-. En el siglo XXI hablamos de otro tipo de enfermedades: las provocadas por el estilo de vida moderno.

Por tanto, en estos días es común hablar de colesterol, estrés, dolor de cabeza, osteoporosis, depresión, alergia y otras tantas que parece sufrir el 80% de la población mundial. A estas enfermedades “modernas” se le suma otro grupo no menos peligroso: las generadas por el smartphone.

Actualmente sentimos la necesidad de estar comunicados todo el tiempo. Saber que somos localizables y que podemos localizar a los demás en cualquier momento genera algún tipo de seguridad, por así llamarlo, aunque también debemos decir que genera trastornos.

Y es que, es difícil imaginarnos un mundo diferente al de hoy, porque solo pensar volver a esa época en la que no nos podíamos comunicar con la facilidad de ahora, nos produce una ansiedad terrible. Incluso hasta la persona más anticuada ha llegado a preguntarse cómo hacíamos antes cuando no teníamos móviles. Algunos dirían que todo era más sencillo y quizá era así. Pero lo que es innegable es que una vez que te acostumbras a las ventajas que te ofrece la comunicación instantánea, no quieres volver atrás.

Es por esto que es posible catalogar al smartphone como la gran enfermedad de este siglo. Si, estos novedosos dispositivos que parecen facilitarnos la vida se han convertido en generadores de enfermedades tanto mentales como físicas. Los gadgets de hoy pueden enfermarnos de la misma manera que una gripe e inclusive con graves consecuencias a largo plazo. Lo peor es que para la adicción no hay vacunas.

Dolores de cabeza, cuello, espalda y manos, así como insomnio, obesidad y depresión son algunas de las enfermedades que se asocian al uso intensivo de los móviles inteligentes. Estos problemas relacionados con el uso desmedido de estos aparatos han sido incluso bautizados como trastornos y síndromes. Estos son algunos de ellos.

Nomofobia (No-mobile-phone-phobia, en inglés)

Se trata de un temor irracional de salir a la calle sin nuestro móvil o no poder usarlo. Esta enfermedad provoca una sensación de ansiedad en las personas cuando no tienen cobertura o batería e inclusive cuando no pueden encontrar el móvil. Los nomofóbicos son incapaces de apagar el smartphone y suelen revisar constantemente los mensajes o el estado de la batería.

Síndrome de la vibración fantasma o llamada imaginaria

Este es un síndrome neurológico que se caracteriza por la sensación de que el móvil vibra o suena. Esto ocurre incluso cuando la persona adicta no tiene el dispositivo encima o cuando este está apagado. Este problema, provocado por la total dependencia del móvil, es bastante común entre los usuarios de los dispositivos inteligentes.

Cibermareo

Este es un efecto secundario del uso de aplicaciones 3D. Se trata de la sensación de mareo, ansiedad y náuseas que experimentan muchos usuarios de ordenador o dispositivos móviles, muy parecido a la que sienten las personas que viajan en autobús. Estos problemas ocurren cuando existe una desincronización entre los movimientos de los ojos y las señales percibidas por el sistema de equilibrio, que el cerebro interpreta como movimiento real.

iPostura

Este es el nombre que se le ha dado a quienes adoptan una mala postura por usar dispositivos móviles. Sentarse encorvado es una postura muy común en estos casos, la cual puede provocar una presión adicional a la columna vertebral y causar dolores de cuello o de hombros.

Phubbing

Formado por la combinación de phone –teléfono- y snubbing –desairar, rechazar, se trata de la acción de prestarle más atención al teléfono móvil que a las personas con las que estamos. Se trata de un uso obsesivo y compulsivo que nos lleva a dejar de tener un contacto carnal por mantener uno virtual.

Depresión

Muchas personas pueden llegar a deprimirse cuando alguien no les responde un mensaje o cuando ven las actividades de sus amigos en las redes sociales.

Síndrome del ojo seco

Ocurre por la continua concentración en la pantalla del smartphone, lo que reduce el número de parpadeos y causa cambios en la producción de lágrimas. Esto trae como consecuencia daños permanentes en nuestros ojos.

Ciertamente ya nuestra vida gira en torno a las nuevas tecnologías y nos resulta casi imposible vivir sin ellas, por ende, la solución a estas enfermedades no está en dejar de usar estos dispositivos sino en ser más conscientes del uso que le damos.

Aunque vivimos en un mundo que se mueve y cambia con rapidez, y que a la vez nos invita a vivir ansiosos, es necesario detenerse un momento y observar el mundo que nos rodea para no aislarnos. Recuerda que toda dependencia, llevada al extremo, siempre traerá consecuencias negativas.

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