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Llevar el sentido del tacto a la robótica puede mejorar significativamente las capacidades y la funcionalidad de los robots. No es un tema nuevo, ya hemos hablado antes de los robots y la piel artificial, pero ahora tenemos novedades que contar: Dos investigadores de la Universidad Nacional de Singapur (NUS, por sus siglas en inglés), miembros de la Comunidad de Investigación Neuromórfica de Intel (INRC, por sus siglas en inglés), han dado a conocer nuevos hallazgos que demuestran el compromiso de la visión adaptada al contexto y la detección táctil en combinación con el procesamiento neuromórfico de Intel para la robótica.

Ahora bien, puede que te preguntes ¿qué es eso de “procesamiento o computación neuromórfica“? En palabras sencillas: es la búsqueda de imitar el funcionamiento de las neuronas y del sistema nervioso en general. En este caso, el trabajo destaca cómo el hecho de llevar el sentido del tacto a la robótica puede mejorar significativamente las capacidades y la funcionalidad, en comparación con los sistemas actuales de sólo visión, y cómo los procesadores neuromórficos pueden superar las arquitecturas tradicionales en el procesamiento de esos datos sensoriales.

¿Por qué es importante? El sentido del tacto es lo suficientemente sensible como para apreciar la diferencia entre superficies que difieren por una sola capa de moléculas, sin embargo, la mayoría de los robots de hoy en día operan únicamente en el procesamiento visual. Los investigadores de la NUS esperan cambiar esto usando la piel artificial que han desarrollado recientemente. Según sus investigaciones puede detectar el tacto más de 1.000 veces más rápido que el sistema nervioso sensorial humano e identificar la forma, textura y dureza de los objetos 10 veces más rápido que el parpadeo de un ojo.

En este sentido, permitir un sentido del tacto similar al de los humanos en la robótica podría mejorar significativamente la funcionalidad actual e incluso conducir a nuevos casos de uso. Por ejemplo, los brazos robóticos dotados de piel artificial podrían adaptarse fácilmente a los cambios en los productos fabricados en una fábrica, utilizando la detección táctil para identificar y agarrar objetos desconocidos con la cantidad adecuada de presión para evitar el deslizamiento.

Asimismo, la capacidad de sentir y percibir mejor el entorno también podría permitir una interacción humano-robótica más estrecha y segura, o acercarnos a la automatización de las tareas quirúrgicas dando a los robots quirúrgicos el sentido del tacto del que carecen hoy en día. Sin duda, estos avances dejan claro que el futuro de los robots es más que prometedor.

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