El algoritmo de identificacion de fotos de la aplicación Google Photos falló, y lo hizo de una forma muy estruendosa: confundiendo a dos afrodescendientes con gorilas.

Esta equivocación, que fue descubierta por una de las afectadas: Jacky Alcine, una programadora de Nueva York, mientras revisaba los álbumes en Google Photos donde varias fotos en las que salía ella junto a un amigo se habían guardado en una carpeta con la etiqueta «Gorillas».

Luego de ver este suceso, inició una campaña de denuncia en redes sociales cuyo eco acabó llegando hasta Yonatan Zunger, arquitecto jefe del área social de Google Plus. El propio empleado de la compañía contactó personalmente con Jacky A. para pedir los permisos necesarios y poder comprobar el origen de tan delicado error.

Tras verificar la cuenta, Zunger comunicó que la controversia se debía a un problema con el algoritmo de la aplicación a la hora de fijar los ajustes de iluminación, contraste y tonalidad de piel en las instantáneas de la polémica. Además reveló que el programa también había errado en varias fotografías donde personas de raza blanca habían sido etiquetadas como perros o focas.

Fue tanto el escándalo que un representante de Google ofreció disculpas de parte de la compañía:

“Estamos horrorizados y realmente sentimos lo que sucedió […] Estamos tomando medidas inmediatas para evitar que este tipo de resultados aparezcan. Todavía hay claramente mucho trabajo que hacer con el etiquetado automático de las imágenes y estamos viendo la manera de prevenir que este tipo de errores se repitan en el futuro”.

Pero vamos, que no es para tanto… Todo es una equivocación y particularmente no veo razón para que nos ofendamos por cosas como estas, ya sea porque la aplicación confunda a negros con gorilas o blancos con perros o focas. Las máquinas son máquinas, y por tanto se equivocan en ocasiones. Y es que si nosotros, que somos los que las fabricamos y diseñamos nos equivocamos, cómo no lo van a hacer ellas. Es mejor asimilarlo como un error y no darle más embergadura de la que se merece, ¿No crees?

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