Con el objetivo de saber de qué está compuesto un teléfono inteligente, a un grupo de científicos de la Universidad de Plymouth se les ocurrió una idea un poco extrema pero que logró los resultados que esperaban: introdujeron un móvil en una licuadora (un iPhone para ser más específicos) y lo hicieron añicos.

Antes de realizar este curioso experimento, los investigadores sometieron el dispositivo a altas temperaturas con un antioxidante. Luego de triturarlo en la licuadora, separaron una a una las piezas de metal obtenidas y esto fue lo que obtuvieron, de acuerdo a un informe de la universidad: metales como hierro, silicio, cromo, oro, plata, y otros elementos raros, como el neodimio o el praseodimio; y que vienen de zonas de conflicto en África como el tungsteno y el cobalto.


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Al meter un móvil en una licuadora y saber lo que hay dentro, los investigadores de este proyecto esperan generar consciencia en los usuarios de estos dispositivos hacia una cultura de reciclaje.

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