Las famosas Google Glass del gigante tecnológico siguen dando de qué hablar en el mundo de la medicina. Diversos estudios han demostrado que estos dispositivos pueden ser útiles para muchos campos y recientemente unos investigadores de la Universidad de Stanford han comenzado a utilizar estas gafas inteligentes para tratar el autismo en niños.

Resulta que los investigadores Catalin Voss y Nick Haber han estado trabajando en un proyecto para asociar la tecnología de las Google Glass a una máquina de aprendizaje para así crear un tratamiento casero para el autismo, el cual podría ayudar a quienes sufren la enfermedad a reconocer y a clasificar emociones. El software creado utiliza un sistema de aprendizaje automático para la extracción de características para así detectar lo que Voss llama “unidades de acción” de los rostros de las personas.

El proyecto, llamado Autism Glass, ya se encuentra en su segunda fase e involucra un estudio con 100 niños para investigar la viabilidad del sistema como un tratamiento para el autismo en el hogar. El software del proyecto Autism Glass clasifica las emociones de los rostros que el dispositivo señala e instantáneamente ofrece al usuario una lectura de la expresión.

La primera fase de este proyecto se lanzó el año pasado, pero la investigación se vio limitada debido a que el laboratorio solo tenía acceso a un par de Google Glass. Sin embargo, esto cambió cuando a principios de junio de este año Google donó 35 dispositivos más y la Fundación Packard colaboró con la donación de 379,408 dólares para subsidiar el proyecto.

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Tras estudiar la interacción entre los niños y las pantallas de ordenadores, el equipo se enfocó en diseñar una segunda fase del proyecto en el que los niños pudieran interactuar con su entorno.

Para ello, el equipo instaló un juego desarrollado por Media Lab del MIT llamado “Captura la sonrisa”. En el juego los niños utilizan las gafas y buscan personas que reflejen una emoción específica en sus rostros. Así al monitorear el desempeño de ellos en el juego es posible construir el “fenotipo cuantitativo” de autismo de cada uno de los participantes del estudio, lo que proporciona una observación matemática de las manifestaciones físicas de su autismo.

Mediante el seguimiento de estos patrones y del comportamiento de los participantes, el equipo que monitorea puede mostrar cómo el dispositivo es capaz de ayudar a mejorar el reconocimiento de las emociones a largo plazo. Esta segunda fase del estudio, que durará varios meses, permitirá que los padres de los niños con autismo tengan una mayor participación en el tratamiento.

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