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Estar conectados es un riesgo en sí mismo, pero a día de hoy va siendo tan necesario como respirar… ¿no crees? Lo cierto es que, al hablar de guerra, lo primero que se nos viene a la mente es muerte y destrucción; esa es la concepción que nos ha dejado décadas de conflictos bélicos. Y el cine, claro está. Hoy esas guerras sangrientas siguen existiendo, junto a un nuevo tipo de ellas, las que se dan en el plano virtual: Nace la ciberguerra.

Sí, en esta era en la que vivimos casi que todo ocurre en Internet, por lo que la guerra también ha traspasado la línea de lo físico y se ha desplazado del terreno real al mundo online. Así, la ciberguerra comienza a perfilarse como la guerra del siglo XXI y se libra, desde ordenadores, en el ciberespacio.

Pero, ¿qué es la ciberguerra? Esta forma de conflicto se define como un conjunto de acciones o amenazas que se llevan a cabo para producir alteraciones en los sistemas de información del enemigo. La ciberguerra puede ser una agresión promovida por un Estado y dirigida a dañar gravemente las capacidades de otro para sustraer información, cortar o destruir sus sistemas de comunicación, entre otras cosas.


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La ciberguerra es menos sangrienta que las guerras ‘de toda la vida’ -por llamarlas de algún modo- porque no involucra en su esencia una confrontación física y puede ser tan efectiva como una guerra convencional.

Esta modalidad de conflicto no conoce fronteras, es decir, los ciberataques pueden originarse desde cualquier parte del mundo, e incluso simultáneamente desde diferentes lugares unos de otros. Es por esto que este tipo de conflicto crea lo que se ha denominado como “Niebla de Guerra”, donde no pueden diferenciarse de manera sencilla cuáles ataques provienen del mismo territorio y cuáles son acciones hostiles de un ente extranjero contra el país.

Así, la ciberguerra es una modalidad de conflicto especialmente peligrosa por tener características muy diferentes al de la guerra tradicional. Y es que incluso podría decirse que es una guerra barata porque no conlleva mayor gasto, ya que con solo con tener un ordenador y conexión a Internet cualquier persona con conocimientos en el área puede llevar a cabo actividades de ataque en la Red.

Internet es ahora el campo de batalla de los grupos de inteligencia, quienes luchan por el acceso a información clasificada, confidencial y privada, no solo de ciudadanos sino también de instituciones públicas y privadas, así como de gobiernos.

Y en esta obtención encubierta de datos o información a través de técnicas como la infiltración y la penetración, sale al ruedo otro elemento del que mucho oímos hablar en los últimos tiempos: El espionaje.

Claro está que no se trata del concepto de espionaje que se ha manejado toda la vida, sino de una versión 2.0 nacida en el ciberespacio… Y es que ya no se trata de esas personas que se dedicaban a buscar información en la calle, que iban tras documentos y confidentes, o colocaban micrófonos, sino de genios de la informática que recolectan datos por Internet, encerrados en una habitación con un ordenador como arma.

¿Cómo nos afecta un cibertaque?

El mundo de hoy día gira en torno a la Red. Este es el medio por donde circula toda la información del mundo, absolutamente todo está allí, por tanto no es de sorprenderse que todos estén tan interesados en controlar el ciberespacio.

La hiperconectividad nos ha hecho sumamente vulnerables, tanto así que cualquier impacto que perjudique la Red, podría generar no solo pérdidas millonarias a países, instituciones y corporaciones, sino también graves consecuencias psicológicas entre los ciudadanos.

Un ataque cibernético tiene el poder de paralizar a una sociedad y es por esto que quienes ostentan el poder económico y político están tan interesados en controlar las comunicaciones.

Todo escenario donde se den relaciones políticas y económicas, será susceptible de confrontación. Es por esto que la ciberguerra y el espionaje cibernético se asocian principalmente con los Estados, quienes son sin duda unos de los protagonistas de esas relaciones de poder.

El mundo actual depende de Internet, por lo tanto, los ciberataques nos afecta como ciudadanos porque amenaza nuestra forma de vida: Actos de este tipo podrían generar un apagón digital, creando así un caos en la sociedad y dejándonos desconectados del mundo.

Asimismo, las recientes denuncias sobre espionaje en la Red nos llevan a darnos cuenta de que nuestra vida privada no es tan privada como creemos y por tanto que todo lo que hacemos y decimos es de conocimiento público.

Y es a partir de aquí desde donde comenzamos a hablar del eterno dilema entre lo que es la privacidad y la seguridad. Para los Gobiernos la frontera entre uno y otro es una delgada línea que deben cruzar muchas veces para -supuestamente -proteger a los ciudadanos. ¡Difícil saber cuánta verdad -o excusa- hay en esta justificación!

Ordenador = ¿Arma de destrucción?

Internet podría considerarse como un mundo aparte, pero uno que por ser virtual, no necesariamente es irreal. Hoy día, las guerras no se dan necesariamente en campos de batalla en tierra y entre soldados entrenados, sino en el ciberespacio, entre expertos informáticos sentados frente al ordenador.

Esto hace que para someter a un país ya no se necesita acabar con su ejército sino destruir su estructura informática. Así que, aunque la ciberguerra nos parezca “invisible” y estos ataques no ocurran de forma física, de igual manera generan graves consecuencias y desencadenan conflictos entre las partes, tal como sucede en la guerra tradicional.

El ciberespacio se ha convertido en un lugar mucho más difícil para combatir, porque los ataques y la magnitud de sus consecuencias son difícilmente predecibles. En este nuevo escenario de confrontación y defensa, la llamada “niebla” del ciberespacio permite desdibujar la identidad del autor, la cual aunque puede presumirse, es difícilmente demostrable. Otra dificultad de este escenario es que no existen normas de confrontación y las consecuencias legales son igualmente difusas…

En sí el problema radica en que en Internet es difícil cumplir las leyes y es un lugar donde se puede actuar desde el anonimato. Hoy día podría decirse que vivimos en una ciberguerra permanente, muchas veces sin enterarnos, y aunque aún no se conoce de algún ataque cibernético de gran proporción, todos los días ocurren intromisiones en sistemas privados.

Entonces, la pregunta que nos hacemos es ¿qué sucederá con esta guerra silenciosa e invisible? Pues lo que sucede en cualquier lugar donde no hay normas ni reglamentos: La anarquía.

Es por esto que las actividades en el ciberespacio han cambiado el panorama geopolítico mundial y las alianzas entre países pueden verse afectadas ante la sospecha de un socio se convierta en un enemigo en la Red.

Así que, ante el peligro que amenaza con crear un conflicto sin fronteras, más que importante es vital llegar a un acuerdo global en que se establezcan leyes para controlar los ataques cibernéticos. ¿Será posible?

 

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