Con tantos avances tecnológicos, cualquiera puede sentirse fascinado y quizás muchos más los jóvenes, que están siempre ávidos de nuevas experiencias y conocimiento. Pero los riesgos de una adicción a dispositivos electrónicos están puestos sobre la mesa si los padres no establecen, a priori, los límites para su uso. Incluso los expertos señalan que las probabilidades de violencia de hijos a padres tienden a incrementarse si los últimos no controlan debidamente el acceso de niños y adolescentes a la tecnología.

Según ha reseñado el diario argentino El Clarín, adolescentes y tecnología son una bomba de tiempo cuyo “disparador” puede ser, por ejemplo, un momento en que los padres solicitan atención de parte de los hijos y, con este fin, les retiran el Smartphone o la Tablet, lo que produce un altercado inmediato. De hecho, una discusión de esta naturaleza puede sostenerse con niños pequeños y tener como resultado violencia filio-parental, es decir, que el niño o el adolescente propine golpes como autodefensa y para exigir algo que considera un derecho.

El psicólogo y autor del libro “Criar sin miedo”, Miguel Espeche, afirma que las pantallas generan en los pequeños y jóvenes una suerte de “hipnosis” en la que se sumergen para evitar ambientes que los angustien y una vez que se les quiere sacar de allí, se produce la “Hecatombe”.

“Les digo a los padres que a los hijos tienen que leerles la Declaración de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas para que sepan qué es un derecho (alimentación, educación, comprensión, por ejemplo) y qué no. No hay derecho al Smartphone”.

Por otro lado, la realidad virtual de juegos y aplicaciones dan sensación de poder a aquel niño que, desprotegido, desatendido e indefenso en la vida real, se siente con la habilidad de destruir sus temores con sus aparatos electrónicos. Así lo cree la psicoanalista, Eva Rotenberg.

“Los chicos no mirados, no registrados por sus padres, que crecen sin desarrollar un yo capaz de generar confianza y autoestima. ‘Con la Play puedo ganarle al monstruo más fuerte’ me han asegurado nenes que después en la vida real no pueden defenderse de sus pares”, ha dicho Rotenberg.

“El Bebé tirano”

La Policía de Cataluña, ha registrado entre 150 y 160 detenciones por casos de violencia que involucran a menores tras discusiones de este tipo con sus padres, por un equipo tecnológico. En este sentido, Espeche señala que la mayoría de las veces, el abandono o descuido en tempranas etapas de la infancia pueden influir en el desarrollo de las conductas violentas.

“Cuando desde el inicio de la crianza no se han podido fijar límites, los chicos crecen, toman el poder, no saben cómo ejercerlo, y puede desencadenar en casos extremos de violencia”.

De este punto parte lo que muchos llaman el “Bebé tirano”, que no es más que la evolución del niño que desde bebé siente que todos los que lo rodean deben satisfacer sus necesidades. Más adelante manipula con rabietas para conseguir lo que quiere y si no es corregido, se convierte en un tirano que quiere siempre imponer su voluntad. Al pasar los años ese carácter violento se acrecienta y radicaliza con la llegada de la adolescencia.

De acuerdo con Rotenberg, “la violencia es un modo de reclamo: el hijo violento, de alguna manera, se sintió violentado a lo largo de su vida, porque no pudo contar con sus padres del modo en que él hubiera necesitado”.

Por ende, la recomendación es prestar atención a las demandas de los hijos, hasta aquellas que ellos mismos desconocen: afectivas, motivadoras, de corrección y comprensión y eso se proyecta, igualmente, a los permisos para usar la tecnología.

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