Aunque relacionemos el éxito de una empresa al momento y lugar idóneos, hay algo más que la suerte operando para mantener su estabilidad. La administración aquí es clave para asegurar la buena salud de una empresa. Un proceso que merece nuestra atención tanto para paliar flaquezas como para fortalecer nuestros atributos. Veamos.

No sólo a la suerte se debe el éxito

Cuando analizamos el auge de una empresa puntera en su sector acostumbramos a vincular su éxito a una mera cuestión de suerte. Y, a pesar de que en muchos casos éste se deba a haber encontrado un buen nicho de mercado, su resultado tiene mucho que ver con el modo en que se ha llevado a cabo su crecimiento. Si bien factores como el tiempo y el lugar idóneos pueden posicionar una empresa al frente de gran parte de su competencia, nunca hay que olvidar el papel de la administración. En ese sentido, la organización, junto con el conocimiento de las propias debilidades y fortalezas, asegura, si no el éxito, una encomiable estabilidad.

Sin embargo, la administración de una empresa no sólo atañe a su espacio burocrático. En realidad, se trata de una actividad que requiere tanto de talento como de agudeza para poder dar con las claves del éxito. En relación a ello, mantenerse informado sobre todos los entresijos de la economía y el sector empresarial, mediante portales como Economipedia a modo de Enciclopedia Económica, es de gran utilidad para abrirse paso entre la competencia. Como bien reza el refrán de que “más sabe el diablo por viejo que por diablo”, otro factor a tener en cuenta es la experiencia en el sector. Aunque tener en cuenta el ingenio de algunas mentes jóvenes también puede otorgarnos puntos de vista más certeros.

¿Para qué sirve la administración de empresas?

Si bien la experiencia en una empresa puede ser fundamental para su desarrollo, no debe obviarse el hecho de que el mundo, y por ende los hábitos de consumo, está en constante evolución. El éxito que una empresa ostentó antaño puede verse hoy fatalmente expuesto a una desconexión con su público. Actualmente, por ejemplo, es indispensable el uso de las redes sociales por parte de una empresa para atraer nuevos clientes y fidelizar a los antiguos. Así como el diseño del packaging ya no es el mismo que hace veinte o treinta años, el modo en que una empresa se comunica y proyecta hacia el mundo debe estar en sintonía con la contemporaneidad.

A grandes rasgos, la administración de empresas consiste en la aplicación de un método de organización mediante el que optimizar el decurso de una empresa. Éste, por consiguiente, puede llevarse a cabo tanto a través de una mejora en su sistema informático como en una renovación de la imagen corporativa. Y dar con la ecuación correcta, o la más eficiente, pasa tanto por contratar especialistas como por estar abierto a todo tipo de evolución sin dejar de prestar atención a la competencia. Evidentemente, esto no implica despedir y renovar la plantilla, sino formarla e incluso ampliarla bajo un prisma centrado en la eficiencia y, sobre todo, la constancia.

Paliar las debilidades y explotar las fortalezas

A pesar de haber experimentado un crecimiento exponencial a lo largo de sus años de vida, ninguna empresa es invencible. La competencia es extrema y los avances a todo nivel, del espacio tecnológico a los recursos humanos, y es por esa razón que no deben dejarse cabos sueltos. Si detectamos un fallo que afecta a la productividad, bien por nuestra cuenta o gracias al ojo de un experto, es preciso asistirlo cuanto antes para evitar fallos a corto o largo plazo. Ello, no obstante, podría conllevar incluso un cambio en el modelo de negocio o de producto hasta la fecha. Y si no que se lo digan a Amazon, en cuyos inicios se limitaba exclusivamente a la venta de libros.

Pese a nuestras buenas intenciones y la gran cantidad de buenos administradores que coexisten en el mercado, no existe claramente una fórmula de éxito. Lo que sí es cierto es que la buena salud de una empresa se rige por el equilibrio entre sus virtudes y sus elementos negativos. Y aquí es donde cabe decir que hasta el más mínimo detalle cuenta. De hecho, en cuanto al plano administrativo, y según los análisis del Grupo de Investigación en Gestión y Pensamiento Administrativo, Contable y Tecnológico de la Fundación Universitaria San Martín (FUSM) de Colombia, concluye que la mala gestión es una de las principales causas de cierre entre las pymes.

Al fin y al cabo, la administración es la columna vertebral de cualquier empresa que se precie. Nuevamente, no hay ningún camino fácil hacia el éxito, pero sí un modo de entender cómo funciona y cómo mejorar nuestra empresa. El declive de un negocio puede ser reversible si se tiene en cuenta su desarrollo interno y su proyección hacia el exterior. Aunque parezca una tarea ardua, la esperanza de vida de un negocio depende de su administración. No se trata, por lo tanto, de un estadio rutinario; sino de una piedra angular de su estructura. Y, por ello, merece tanto o más de nuestra atención como la que reciben nuestras pérdidas y ganancias.

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